Ya pueden oirse las campanas del final. La luz tantas veces mencionada me ciega y me atrae con su puro y claro color. Suenan melodías fúnebres, odas melancólicas y cantos funestos. Me piden que vaya con ellos, que les acompañe, y me dotan de miles de motivos para dar el paso y caer en su trampa. Pero, ¿ sabes qué ? Tengo tapones para los oídos y unas gafas de sol de marca.
Mala suerte. Hoy no me voy contigo.

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