
Avanzan con decisión las tropas al campo de batalla. Algunos valientes caballeros de pasión incontrolada son derrotados en sanguinarias batallas, salvándose únicamente los que consiguen adelantar y escapar del infortunio.
Caen las fortalezas que resguardan el poder supremo del reino, mueren las infanterías de caballos que son mandados al galope a por la cabeza del rey.
Los sirvientes más leales quedarán protegiendo los frágiles tronos que albergan la supremacía del territorio.
Una batalla sangrienta, con terribles pérdidas, tanto para unos como para otros.
A medida que avanza el combate, se pierden fuerzas, se pierde el poder con el que una vez se comenzó. Cada uno de los sentimientos más bellos que estás sintendo se mueven temerosos, como cual peón al enfrentamiento de un rival más fuerte.
Tus pasiones avanzan como grandes bloques de piedra pulida sustentando todo tu amor entre sus frágiles paredes, las cuales acaban cayendo bajo el poder de las catapultas del odio.
Tus temores saltan y evitan enfrentamientos no deseados. Logran abrirse paso entre las dudas y las incertidumbres que vuelan en ese clima pesado que consigue robarte el sueño.
Los fieles sirvientes, el respeto y el cariño, defienden a capa y espada a sus majestades. Bloquea el paso de los mas osados, tildados de envidiosos, y protegen con perseverancia las miradas de los viles que juzgan sin conocimiento.
Alzándose por encima de todo superviviente en el campo de batalla, los reyes se elevan para imponer su justicia. La justicia del deseo de la reina y del amor del rey.
Un deseo que se guía por la pasión, por el cariño y por todos aquellas sensaciones agradables que todos sus aliados la otorgan . Un deseo fuerte que la hace ser una de las piezas más imprescindibles en este juego épico.
Un amor puro, hermoso, y sincero que intenta sobrevivir de todas las maneras posibles al ataque del bando contrario. El ataque de la envidia, de los celos, de la desconfianza, del odio, del repoche... De todo lo que nuestro ojos tiñen de negro y lo alejan para no verlo nunca más.
Y aunque la vida intente darme jaque mate,
yo voy a escapar y pediré la cabeza de tu rey.

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