
Los pequeños placeres de la vida que hacen que tu alma se llene y expire hasta rozar el cielo.
Esos insignificantes detalles que esbozan una leve sonrisa en tu cara y estremecen tu cuerpo hasta el punto de sentir un escalofrio electrificante.
La apreciación de aquello que pasas por alto y que puede llegar a ser tan imprescindible en tu vida que, una vez encontrado, no consigues despegarte de él.
Pequeños bocados a la manzana del pecado, que por disfrutar un momento de esa sensación tan tentadora, no te importa sufrir un eterno sufrimiento.

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